Casi 4 años después de mi primer viaje a Grecia, he vuelto a pisar tierras helénicas aunque esta vez el motivo es distinto: el objetivo era realizar un voluntariado en Atenas. Desde hace tiempo tenía en mente la idea de colaborar con la situación de los refugiados y Grecia es, actualmente , el país con el que mayor número de asociaciones y ONGs que trabajan en esta causa.

Cómo encontré este voluntariado

Aunque el pensamiento estaba en mi cabeza, no tenía mucha idea de qué podía aportar exactamente a la causa. A través de amistades, entré en contacto con una persona que dedica mucho tiempo de su vida a ayudar en Grecia.

Cuando me reuní con él me preguntó por mi nivel de inglés y en seguida me recomendó Habibi Center, una asociación independiente y no gubernamental que se encarga de enseñar inglés a jóvenes de entre 15 y 19 años. No a jóvenes cualquiera, claro. Jóvenes refugiados, la mayoría no acompañados, procedentes de Afganistán, Siria, Congo o Pakistán, entre otros.

Es cierto que he tenido la suerte de tener personas cercanas en mi vida con inquietudes que me han podido «encontrar» el voluntariado adecuado. A día de hoy hay más formas de encontrar voluntariados. Una de ellas es a través de Volunteer World, que reúne programas en todo el mundo.

Situación de Atenas en la pandemia

Decidí participar en este voluntariado en Atenas cuando en España salíamos de un duro confinamiento domiciliario por el coronavirus. El ambiente era positivo y era difícil imaginar que lo peor estaba aún por llegar.

El número de casos y de muertes por covid que ha tenido Grecia es realmente bajo si lo comparamos otros países y, aún así, las restricciones han sido más duras.

A mi llegada a Atenas, restaurantes y cafeterías permanecían cerrados (únicamente permitían el reparto a domicilio), institutos y escuelas como la nuestra también estaban cerrados, al igual que tiendas que no fueran de productos de primera necesidad. Para salir a la calle, era necesario enviar un sms para informar de la salida a la calle, o bien escribir los datos en un papel que podía ser solicitado por la Astynomia (policía en griego).

Un gatito esperando que los restaurantes abran de nuevo

A pesar de la situación a mi llegada, las cifras bajaban cada día más y todo apuntaba a que poco a poco podría hacerse vida normal, volver a las clases presenciales y moverme con libertad por Grecia. Al menos eso creíamos.

Enseñanza en Habibi Center

Con el confinamiento existente en Grecia, la enseñanza en la escuela se estaba realizando de forma online. Mi voluntariado en Atenas comenzó enseñando a un grupo de 5 estudiantes a través de la pantalla. Como comenté antes, el ambiente era positivo y se esperaba que en un par de semanas las medidas se relajasen y pudiésemos volver a dar clase cara a cara.

La escuela Habibi Center ofrece clases de inglés de forma gratuita para los estudiantes pero exige, al mismo tiempo, que se asista a las clases todos los días (de lunes a viernes, hora y media), se hagan los deberes y se de buen comportamiento e interés. Esto no suele ser un problema ya que los alumnos se desviven por aprender y avanzar en el idioma.

Uno de los objetivos de la escuela es motivar a los alumnos con el inglés, animándolos a obtener una certificación de nivel a través de los exámenes de Cambridge. Estos certificados los paga la escuela, gracias a las aportaciones y donaciones de toda persona que desea colaborar.

Las dificultades de la enseñanza online

La mayor parte de los estudiantes de la escuela son menores de edad no acompañados (es decir, que están solos en el país, sin familia) por lo que viven en centros de acogida o bien en campos de refugiados a las afueras de la ciudad.

Una de las mayores dificultades sin duda fue el Internet. La conexión en los centros de acogida no es la ideal y en ocasiones desde la escuela se les proporcionan tarjetas SIM con datos para poder asistir a las clases.

Preparar las clases de antemano también resultó un desafío (tardé tres horas en planificar mi primera lección). Trabajábamos con una plataforma online muy buena, y el temario y ejercicios se podían escribir en una pizarra común. Este último aspecto era el que más tiempo implicaba (aunque con la práctica logré reducir el tiempo de preparación a media hora).

Cuando ya empezaba a habituarme a mi primer grupo, empecé a enseñar a un segundo, muy distinto al primero. Este segundo grupo apenas tenía conocimientos de inglés y además tenían dificultades para leer y escribir (algunos de los alumnos nunca habían ido al colegio). Con ellos comencé enseñándoles fonética para pronunciar las primeras palabras en inglés.

Si ya es complicado enseñar un idioma a alguien con quien apenas puedes comunicarte, imagina hacerlo online, con cortes por la calidad del wifi, interferencias de todo tipo y los ruidos de las habitaciones de los estudiantes, que intentan aprender entre el alboroto de sus compañeros de habitación.

Complicación de la pandemia en Atenas

Lo que esperaba de mi voluntariado en Atenas se fue al traste un mes después de mi llegada. Los casos de coronavirus se doblaron debido a la nueva cepa británica. Los comercios, que habían logrado abrir durante dos semanas, tuvieron que echar el cierre de nuevo y los colegios se vieron obligados a retomar la enseñanza online.

En ese momento, asumí varias cosas. Por supuesto, no podría visitar ciertos lugares de Atenas, ni viajar a Meteora o a Delphi. Pero lo que más me dolía era saber que me marcharía sin poder enseñar a mis alumnos de forma presencial, sin conocerles en el trato diario y sin ver de cerca sus dificultades como refugiados.

La historia de los estudiantes refugiados

Poco antes de marcharme de Atenas, pude reunirme con algunos de mis alumnos. Sentía que no podía irme sin verles las caras y además, a ellos les hacía especial ilusión. Nos reunimos en Monastiraki y al llegar recibí grandes abrazos (Sí, a pesar del covid, a pesar de que el contacto físico está desaconsejado).

Pudimos hablar de cómo habían llegado a Grecia, cuáles eran sus planes de futuro o qué querían estudiar. Me sorprendió escuchar a uno de mis estudiantes que quería irse a Alemania porque su padre estaba allí. Él es menor y, sin embargo, se ha quedado solo en Atenas.

Fue duro escuchar como mis alumnos, con 16 o 17 años, habían tenido que salir de Afganistán hacia Turquía (pasando por Irán) a pie, durante días. Me contaron también que, una vez en Turquía, habían tenido que pagar 2000€ para cruzar a Grecia. Todo esto, si puedes pagarlo. Si no puedes, la opción más barata es a través del mar, y todos sabemos cómo suele acabar ese viaje por el Mediterráneo.


Es realmente triste ver la falta de humanidad de los líderes de países europeos ante este problema. Es increíble la sangre fría que hay que tener para dejar a tantas personas a su suerte en un campo de refugiados en las peores condiciones y además, poner trabas en su futuro.

¿Quién dibujó esa línea que separa a tu alma de la mía?

¿Quién decidió darle solo a una valor?

Rozalén, La línea

Como dice la cantante Rozalén en su canción «La línea», ¿Quién ha decidido que la vida de un refugiado vale menos que la nuestra?

No solo mata el que asesina
También arrebata la vida quien deja morir

Toda experiencia tiene algo que enseñar

Creo firmemente en esto. Toda experiencia, sea buena, mala, o no tan buena, tiene algo que enseñar. Mi experiencia haciendo un voluntariado en Atenas no ha sido ni de lejos la que esperaba vivir, por acontecimientos que no estaban en mis manos.

Pero desde luego, no me he marchado con las manos vacías. Quizás no haya visto plenamente lo que hay tras la vida de una persona refugiada, pero al menos lo he visto más de cerca que desde el sofá de mi casa. Esta experiencia me ha hecho ver la cantidad de personas que están dispuestas a ayudar y dar a otras una vida mejor.

Ojalá, el poco inglés que he enseñado les abra las puertas a mis alumnos allá donde vayan y algún día pueda visitarlos en Berlín o en Londres. Ojalá algo les ablande el corazón a aquellos que supuestamente gobiernan y logren, algún día, liderar a través del ejemplo y desde la humanidad.

Cómo donar

Si deseas aportar a la causa, con lo poco que sea puedes ver las distintas formas de hacerlo a través de este enlace:

https://www.habibicenter.org/index.php/en/donate

1 Comentario

  1. Bravo!! Es genial que siga habiendo gente que quiera hacer las cosas diferentes y que esté dispuesta a salir de su zona de confort para cambiar un poquito la realidad de otros👏👏

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