La crisis del coronavirus ha trastocado nuestra vida de arriba a abajo y lo que es peor, de la noche a la mañana, sin que lo viéramos venir. Nuestra libertad de movimiento se ha visto de repente limitada a las cuatro paredes de nuestra casa y las del supermercado. Uno de los aspectos que me preocupan como viajera, por ejemplo, es cuándo volveremos a viajar o si después de esta crisis se abrirán o se cerraran los brazos de acogida de los distintos países.

Con un futuro tan incierto es difícil asegurar cuándo podremos volver a hacer vida normal (si es que es posible retomar la vida de la manera en que la conocíamos antes de esta enfermedad).

La verdad es que no hay más remedio que aceptar la situación actual tal y como es. Ya que estamos detenidos (físicamente), quizás sea un buen momento para hacerlo también mentalmente, poner nuestra cabeza en orden, relativizar y empezar a valorar lo que nunca hicimos por culpa de la prisa por querer vivirlo todo.

Por esto, en este artículo quiero contarte lo positivo que, en mi opinión, ha traído el coronavirus (porque lo negativo ya lo sabemos) y de esta manera, poder relativizar y ver desde otro ángulo el momento por el que prácticamente toda la humanidad estamos pasando.

Reconocer que somos afortunados

Somos realmente afortunados de estar pasando esta crisis aquí, en un país donde gozamos de sanidad pública (aunque no esté en su mejor momento), en nuestra casa, con personas que están trabajando para velar por nuestra seguridad. Las comparaciones son odiosas, pero en estos casos deberíamos hacer uso de ellas para evitar caer en una negatividad constante. Si lees noticias sobre el coronavirus en Guayaquil, Ecuador, verás la horrible situación por la que están pasando, en la que los cadáveres se acumulan en las calles sin que nadie se haga cargo de ellos o asomarte a la situación en la frontera de Grecia, donde refugiados se han quedado atrapados en tierra de nadie, en las peores condiciones posibles y totalmente desprotegidos.

Oportunidad para valorar lo que tenemos

Como dice la frase, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Te pongo un ejemplo propio: cuando vivía en Londres, echaba muchísimo de menos a mi familia, a mis amigas de toda la vida…También me estaba perdiendo cosas como ver a mis sobrinos crecer. Cada vez que visitaba mi casa durante unos días, los disfrutaba al máximo porque sabía que tenía fecha de caducidad. Al regresar a España recuperé todo eso de golpe, pero de repente dejó de ser especial, porque otras preocupaciones invadieron mi cabeza: el futuro, buscar un trabajo, resolver papeleo, ganar dinero…En mi caso, estar lejos me hacía valorar más a mi familia y mis amigos, hasta que volví a casa y me integré en una nueva rutina. Las distracciones, el trabajo y el resto de cosas que ocupan nuestra cabeza nos alejan de lo realmente importante.

Creo que se puede aplicar esto al caso actual. Ahora que el confinamiento nos ha arrebatado (casi) todas las distracciones, es cuando empezamos a centrarnos en lo realmente importante. El coronavirus ha limitado tanto nuestra vida social, laboral y económica, que por primera vez podemos empezar a ver con claridad al que tenemos al lado o darnos cuenta de cuánto echamos de menos a nuestras amistades.

volveremos a viajar

Recuperar el tiempo perdido

A menudo nos quejamos de la falta de tiempo, hecho producido por el trabajo excesivo, la rutina, el cansancio o simplemente por las distracciones que llenan nuestro día a día. Pues bien, es el momento de recuperar el tiempo perdido: ahora podrás ponerte al día con todo aquello que tienes pendiente desde hace siglos (ordenar a fondo tu casa, deshacerte de trastos inservibles o hacer el deporte al que nunca pudiste hacer un hueco en tu agenda).

Como ya he comentado antes, la situación es la que es y desgraciadamente sólo podemos esperar a que esto acabe. Así que, ¿por qué no sacar el lado positivo y emplear el tiempo de forma inteligente? Ni si quiera se trata de estar haciendo tareas constantemente. Quizás sólo quieras utilizar tu tiempo en leer los libros que se acumularon en tu estantería o en ver todas las temporadas de una serie que nunca llegaste a terminar. Simplemente se trata de aprovechar el tiempo que de normal no tendríamos disponible.

Adquirir nuevas habilidades

Creo firmamente que esta cuarentena esta suponiendo una gran oportunidad para sacar nuestro lado más creativo e incluso desarrollar nuevas habilidades (sólo hay que echar un vistazo al aumento de compras relacionadas con la repostería). No digo que de aquí vayan a salir auténticos genios (que ojalá) pero todo lo que aporte a nuestro desarrollo personal y profesional, ¡bienvenido sea!

Reflexionar sobre el futuro del planeta

Ahora es el coronavirus, pero si seguimos con el imparable ritmo de “vida” que teníamos previo a esta crisis, dentro de no mucho tiempo tendremos que pasar por otros confinamientos más severos por no saber cuidar del planeta como deberíamos haber hecho.

Es cierto que a nadie le gusta renunciar a la cantidad de comodidades que poseemos hoy en día: tenemos absolutamente todo al alcance de nuestra mano, podemos incluso tomar un avión y aparecer en la otra punta del mundo de un día para otro. Pero, ¿dónde nos están llevando todas estas facilidades? Sólo hay que ver cómo han bajado los niveles de contaminación durante la cuarentena para darse cuenta de que hasta ahora, no hemos hecho las cosas bien.

Este momento es muy bueno para reflexionar sobre las alternativas que deberíamos empezar a aplicar en cuanto a la protección del planeta y, al mismo tiempo, un aviso de lo que supondrá no cambiar nuestra actitud en absoluto. Imagina el día que nos tengamos que ver sometidos a un confinamiento por el peligro proveniente de la radiación solar extrema, o tener que emigrar porque el nivel del mar se ha tragado nuestras casas.

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Y cuando todo esto acabe…asegúrate de vivir la vida que deseas

Hace muy poco me topé con este artículo de Ángel Alegre en su blog “Vivir al máximo”, el cual suelo leer con bastante frecuencia. En él, Ángel hace una sencilla reflexión sobre la muerte y cómo pone las cosas en perspectiva con algo muy simple: Si supieras que te queda X tiempo de vida (por ejemplo, dos meses) ¿a qué dedicarías dicho tiempo?

El objetivo es recordarnos que no viviremos para siempre y que nos pasamos la vida postergando nuestros deseos por motivos que, si los analizas bien, al final carecen de la importancia que les damos.

Estos días de cuarentena pueden servir para reorientar tu camino hacia donde de verdad anhelas ir. Dejar de lado los miedos y atreverte a seguir nuevos caminos. Habremos pasado varios meses encerrados en nuestras casas, lo suficiente como para darnos cuenta de lo que nos hemos perdido o para, al fin, abrir los ojos e ir directos a por aquello con lo que hemos estado soñando durante todo este tiempo.

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